8.22.2007

notas desde el trasero del bocha

ELISEO MARTINEZ ROCA: La nueva narrativa colombiana
Por El Bocha, Unidad de Reportajes AXXION21


Hoy nos acompaña en AXXION21, una de esas personalidades que no necesitan presentación, uno de esos paradigmas literarios que solo surgen 2 o 3 veces por década, alguien que sigue la complicada senda de los Borges y los Kafkas en ese enreverado mundo de las letras. Hablamos, del controversial escritor, Eliseo Martínez Roca (San Bernardo del Viento 1969), uno de los más importantes participantes de la convocatoria Bogotá 39.

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Eliseo, es un señor, un costeño con clase, un caballero super-polémico. Cuando lo conoces por primera vez, no dejas de encantarte con su permanente sonrisa en los labios, su inalterable onda positiva que te llena y te acaricia con gusto. Digamóslo claramente: Eliseo, -al igual que el gran Andrés Lopez- es un bacán, una de esas personalidades con las que se puede contar ¨pa` las que sea¨. Creo – y la historia sin duda me dará la razón- que Eliseo completa una trinidad generacional junto con Efraín Medina y Mario Mendoza, trinidad que será conocida en el futuro cercano como el Neo-boom colombiano.

Sin embargo la gran prensa y la mala crítica –Esa mala crítica en la que también se mueven los detractores de un servidor- no ha sabido valorar su grandeza ni su calidad. Eliseo cordialmente nos concedió está entrevista, en la que brevemente recapitula los momentos cumbre de su vida y su obra.

Siempre quisiste ser escritor?

Siempre lo soñé, siempre lo imaginé, si bien tuve y sigo teniendo otras pasiones como la pintura y el punk. Pero necesitaba expresarme en papel, expresar mis emociones mis demonios, exorcisarlos y de cierta forma llevarlos al público.

Es cierto que comenzaste escribiendo versos ?

Jaja, bueno, soy malo para la poesía. Todavía escribo, la mayoría son muy malos pero me gusta este:

Esa Mujer vencida

Alienada en suspiros, desterrada

En tus senos mi destino

Y en tu sexo,

Mi veneno, chupando

Espadas de carne,

Uteros rigurosos

Sentir tus quejidos sinceros

Y la rabia de mis uñas

En tus ìdolos de hueso


Eliseo, déjame decirte que me parece excelente, al mejor estilo de un Ruben Darío o de un Neruda. Cuéntanos Eliseo ; que tan importante fue tu familia al inicio de tu carrera como escritor?

Mi vida en familia fue definitiva para encontrar una vocación. Recuerdo a mi
Abuela contando historias a sus nietos (somos una familia numerosa), historias
Curiosas y llenas de sabor a mar, el resto de mi familia era igual de peculiar:
tías solteronas que comían tierra y tejían mortajas para los vecinos, un abuelo
ex militar que me hablaba de sus experiencias en la guerra de corea, y mi
padre que era telegrafista y poeta…


Buena parte de los relatos que conforman Pescando en Marea Negra (1992) y
La Borrasca (1994) su primera novela, están marcados por este mundo
familiar que resulta inexplicable para las gentes del interior, pero que es muy
común en la gente de la costa colombiana; un mundo colorido y maravilloso.

De hecho el pueblo de Yerbamar en La Borrasca, no es algo así como una transposición poética del San Bernardo Del Viento de tu niñez?

O si… de hecho si, es como una amalgama de San Bernardo y de Cartagena.
No sabes la fuerza poética que tienen en mi los recuerdos del mar y mi
añorada casa..

Iniciaste carrera de Abogado, luego diseñador industrial y finalmente en literatura. A mediados de los 90´s marchas al extranjero pare seguir con tus estudios de Maestría en Barcelona… b>

Me marche de Colombia por la situación del país, también por que necesitaba establecer una ruptura entra el mundo pasado y mi presente de aquel entonces. Si quieres también lo puedes entender como una ruptura entra la poética del pasado y la poética del presente. Barcelona era como el retorno a Itaca de un Odiseo sin Penélope, pero que en fín se alegraba de encontrar a su viejo Argos.

Es precisamente de esta ruptura, que surgen sus siguientes novelas: Ella
Meaba en Atocha (1997) y los Detectives Suicidas (2002) obras obsesivas y
profundas, donde lo erótico y lo urbano se mezclan de manera desenfrenada.
En ella meaba en Atocha, nos cuenta de forma magistral la historia de Eliana, prostituta colombiana que redime a Carlos, poeta-mendigo, que recuerda con nostalgia sus horas felices en la España rockera y artística de los 80´s. Al mejor estilo de Almodovar, Eliana y Carlos se sumergen en el aprendizaje de sus sentidos y recuerdos.

Por su parte, los detectives suicidas, es un thriller maravilloso, donde un ex policía morfinómano, se enfrenta a la poderosa Opus Dei, la cual encubre documentos secretos del franquismo y luego de un fantástico giro, nos encontramos con la historia de los templarios y el peregrinaje final de Cristo a Europa.

Al regresar a Colombia en 2001, te enfrentaste a un choque cultural y político interesantísimo. Según nos cuentas, todo había cambiado, hasta el olor de las mujeres…

Necesitaba regresar a Colombia, para continuar mi obra. Odiseo es un eterno navegante y descubrió que su hogar estaba en el mar. Quería reencontrame con viejos amigos como Efra (Medina) y Laura Restrepo. Conseguí vincularme a la revista Número y –extrañamente- a la universidad Javeriana. Además pude descubrir la selva…

El Tucal publicada por Seix Barral en 2005 es una novela sobre el amazonas, sorprende a la industria editorial en lengua española, que la cataloga como la Voragine del siglo XXI e incluso llegan a mencionar a Conrad.

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Cómo fue tu descubrimiento de la selva?

Adentrarme en los caminos insondables del amazonas fue como un golpe a mis valores de civilización y racionalismo. Caminar por las tierras del Jaguar y la Anaconda, enredarme en las Ceibas imperecederas, ver al pirarocú y al bufeo, mordiendo mis entrañas y finalmente encontrar a la tribu perdida de los Atucpamari, en la oscuridad de la amazonía colombo-peruano-brasileña… todo fue muy interesante para mí. Sabes, el Yahe es como un néctar de la limpieza mental, donde te encuentras como en un desdoblamiento del espejo.

wow! Espectacular lo que me cuentas. No nos puedes hablar de tu próximo proyecto?

Primero puedo decirte que ya casí no tengo nada que aprender sobre el oficio de escritor. Actualmente me encuentro escribiendo escribiendo algo nuevo, algo grande. Se llama 2027, es cyberpunk, hay un profesor de Milán que dicta clases sobre la obra de Bodor (sabes que las teorías estéticas de Bodor son como la cumbre de la filosofía moderna?) hay mucho sexo, viajes a Nepal para encontrar el misticismo del Ch´aan, largas caminatas por las estepas del Asia central, la relación entre los Mayas y una civilización extraterrestre… Creo que es lo mejor que he escrito hasta el momento.

y además tienes otros proyectos: una banda de Punk, una exposición de tus pinturas en el Mambo... por cierto me encantó tu conmovedor articulo en Soho, sobre el nacimiento de tu hija Eliana…

Tengo una banda de Punk, los escrotogalvanizadores, algo así como una mezcla entre Ramones y Green Day. Por cierto oíste la versión de Working Class hero? Billy Joe Armstrong es el John lennon de nuestra época, junto a Bono.También me gustaría tocar con Efra, en este momento lo estamos discutiendo, algo bien tropipunk (ja ja ja). Y si, mi articulo en Soho fue toda una confesión: Eliana es mi verdadera Itaca

3.23.2007

Desde el VIP


Había comprado la boleta unos quince días antes, la noche de un jueves en el Tower Records del Centro Andino. Haciendo la fila me topé con el Dr. Barbarie, él iba a averiguar por la del concierto de Roger Waters y terminó acompañándome mientras charlamos un poco de las pendejadas que siempre hemos hablado cuando nos encontramos, osea, política y religión. También hablamos de metal, me recomendó una banda de la que ya no recuerdo el nombre.

Así que ayer, 22 de marzo, estaba ansioso por salir de mi oficina lo más temprano posible. Tomé el Transmilenio, que pasó bajo unos tres aguaceros; al bajarme ya había escampado, pero el aire estaba húmedo y pesado. Caminé hasta la 30, esperando la confirmación de Nina de que llegaba a la 30 con 63, donde habíamos quedado. La esperé un rato en un paradero de bus, mientras fumaba un cigarrillo que me sabia a mierda. L´enfant me llamó a decirme que fuera a donde estaba, ya haciendo fila para entrar. Nina me llama ya llegando, la espero mientras un tipo moreno me ofrece drogas. Cuando llega Nina y Manson, y mientras buscamos a L´enfant, nos encontramos al Chacal, quien me presenta a Ángela, pero hablamos poco. Nina señala a Toxikrosa, lo saludo y nos ofrece dejarnos colar en su puesto. L´enfant estaba más atrás, entonces volvemos a donde Toxikrosa y hacemos la fila. Comienzan a caer las primeras gotas de lluvia.

Creo que nunca blasfemé tanto en mi vida, y con tanta tranquilidad. Caía un aguacero que me mojó hasta los interiores. Literalmente. La requisa fue bastante ágil y me arrepentí de no haber comprado cigarrillos ni haber traído paraguas o cámara fotográfica, por temor a que no me dejaran entrar. Cuando, finalmente escampamos, estaba completamente empapado y comenzaba a temblar del frío. Manson compra cigarrillos, lo cual fue una verdadera estafa, y una lata de Red Bull. La guardo en un bolsillo, escurro el agua de la chaqueta y la hatta y las sostengo en la mano el resto de la noche. La gente comenzó a agruparse y presionar hacia el escenario, un tipo algo grueso intentó pasar por entre nosotros, para hacerse adelante. Le bloqueo el paso con mi brazo – por favor me deja pasar? – le hago una mirada amenazante, apretando la mandíbula, que funciona bastante bien con los indigentes. El tipo desiste. Se apagan las luces.

Pornomotora comenzó a tocar poco después de las 18. Al parecer, a muchas niñas bonitas se les olvidaba que era un concierto de rock y no una fiesta de la Sala, y cuando un adolescente con varios pearcings en el rostro comenzó a empujar hacia el escenario, saltando y cantando algunas de las canciones, una mujer de pelo castaño claro lo miró con gesto de desprecio. El que sienten hacia los demás los que se creen seres superiores. A mi me molestó y lo mire y el chico se excusó – ahhh es que están empujando... – Cuando terminó el show, según Maria Paula, los de Pornomotora se fueron al publico a ver el concierto de Placebo. No me consta pero si me parece ver visto a Mauricio, uno de los guitarristas, pero no se me ocurrió que pudiera ser él.

Mientras los de sonido de Placebo conectaban los instrumentos y hacían las pruebas finales, la gente se agolpaba cada vez mas. Deseé haber comprado la boleta de preferencial, estar cómodamente sentado y no parado en un piso irregular lleno de pedazos de la revista Rolling Stone, mareado por el olor de la marihuana y con la ropa húmeda en la mano. Hacia las 2000 terminan las pruebas, se apagan las luces y sale Placebo al escenario.

Y dios hizo el caos.

Creo que durante las dos primeras canciones me mantuve de pie intentando defender a Nina y a mi mismo de la masa que se agolpaba hacia la tarima y la consecuente reacción. En esas, Manson perdió la chaqueta que también se había quitado porque estaba mojada. Creo que el esfuerzo provocó un desgarro en mi brazo derecho, nada grave, pero que si me molestó el resto de la noche. Algunas adolescentes eran sacadas desmayadas. En Drag la masa ya se había aplacado, finalmente nos había desplazado unos dos metros al sur y uno hacia el este. Tomamos distancia del que estaba frente a nosotros y me di cuenta que estaba a un paso de Germancho, pero él lo notó terminado el concierto. Tal vez antes.

El resto del concierto lo pasé entre el éxtasis y la punzada del conflicto. Sin duda Placebo es un grupo impresionante en el escenario, es un espectáculo de rock a la antigua usanza. Stefan Oldsal, el bajista, gesticulaba, lanzaba miradas, hacia los coros y arrojaba cigarrillos a medio fumar al publico, mientras Brian Molko, guitarrista y cantante, hablaba al publico, hacia chistes, cambiaba su impresionante arsenal de guitarras y las hacia chillar con el clásico efecto inventado por el mismísimo Hendrix. No recuerdo en que canción soltó la guitarra, encendió un cigarrillo y cantó, recordándome al Nick Cave de Der Himmer über Berlin. Hacia el final contó que el baterista, Steve Hewitt, estaba de cumpleaños y el publico improvisó un desafinado Happy birthday. Poco después hizo la clásica despedida provisional, arrojando la guitarra al publico (que poco después es recuperada por los de sonido) para volver a tocar tres temas mas, el penúltimo, Taste in men, alargado por los solos de guitarra y los efectos frente a los amplificadores. Terminan, después de 20 Years, dejando una sensación de alegría melancólica. Nina lloró desconsolada la mitad del concierto.

Encendidas las luces charlamos un poco con Germancho. Lo invitamos a una cerveza y contesta que, si se anima, nos esperaba afuera. Vagamos un poco buscando la chaqueta de Manson pero fue tiempo perdido. Un policía nos pidió que saliéramos, entonces me envuelvo en el cuello la hatta húmeda y salimos al frío. La cerveza la dejamos para el día siguiente.

Fotos
de Silvia Bustamante y de Ricardo Abdahllah.

3.13.2007

Un 11 de marzo cualquiera


Había tenido un mal presentimiento de cómo iba a terminar la cosa. Sin embargo era optimista, y teniendo en cuenta que el alcalde no había vuelto a autorizar la presencia del ESMAD (Escuadrón móvil antidisturbios) en las protestas callejeras, después de la muerte de Nicolás Neira el 1 de mayo del 2005, no esperaba que las cosas fueran a terminar mal. El director de la Policía había dado algunas vagas declaraciones donde sostenía que, posiblemente, la guerrilla intentara sabotear la visita de Bush, pero me sonó mas como a intento de intimidar a los posibles manifestantes y amedrentar, él mismo, la protesta social. O tal vez fuera cierto, pero para ser honesto nunca creí en la fuerza publica.

La cuestión es que, al tratarse de la visita de un jefe de estado, la seguridad de la ciudad no estaba en manos del alcalde, y el señor presidente, sin contemplación alguna, ordenó la utilización de las fuerzas del ESMAD, con toda la rigurosidad posible. Pero supe esto al llegar a una cuadra al norte del Planetario, acompañado de unos veinte libertarios, llevando un par de pancartas y unas tamboras, para hacer ruido. Nos cubrimos el rostro con mascaras, por aquello de las cámaras que hay por toda la carrera 7ª, y avanzamos un poco hacia el sur, para ponernos a la retaguardia de la marcha. Un par de punkeros rompían ladrillos contra el piso, y los trozos los guardaban en sus maletas. Adelante, la policía ya estaba provocando a los manifestantes. Sentí la eléctrica tensión que precede al conflicto.

Maria dice que nos unamos a los músicos de Skartel, que tocaban tambores frente al Planetario. Al pasar por detrás de la recepción del edificio del banco Tequendama un grupo huía ante la arremetida de la policía entonces retrocedimos un poco. Saqué el móvil y llamé a Lar, para decirle que se devolviera a su casa y que me llamara en tres horas, a ver como había terminado todo. Un tipo me da un palo de dos metros de largo, delgado y con algunas puntillas sobresaliendo, al parecer arrancado a alguna pancarta, y me dice- para que se defienda. Avanzamos nuevamente, mientras un policía amedrentaba a unas muchachas con la macana, y nos paramos a gritar arengas a unos 10 metros de la barrera hecha por los escudos y los hombres del ESMAD. Llega la tanqueta y dispara un chorro de agua, que me alcanza a mojar un poco. La gente se retira pero vuelve a avanzar, antes de huir en desbandada ante los gases lacrimógenos, disparados contra el cuerpo de algunos manifestantes y no al aire como indica el manual. Nos dispersamos.

Maria nos había dado instrucciones de que, en caso de dispersión, el punto de encuentro era el parque de Teusaquillo. Pero el gas nos hizo correr hacia la Macarena. Le doy la vuelta a la Plaza de Toros, ahogado y llorando por efecto del gas, subo unas escaleras y me encuentro con una pareja de rastas que también huían. Decidimos quedarnos juntos, y cuando la policía fue avanzando, caminamos por entre las Torres del Parque buscando una salida que no diera a la 4ª, donde presentíamos que ya estaba el ESMAD. Finalmente la gente se agrupó en la 4ª, caminando hacia el norte, nosotros vamos por el andén y llegamos a una tienda en una esquina y aguardamos.

El problema de la lucha callejera es, normalmente, la organización. Patente en ese caso, donde nadie lograba ponerse de acuerdo hacia donde avanzar: el ESMAD había llegado, después de una avanzada de policías motorizados, y lentamente nos estaba rodeando. Lar había llamado, ya estaba en el centro y le di mi localización. Retuve a los rastas el tiempo suficiente para que llegara Lar, bajamos por un costado de la estación de policía y llegamos a la Séptima. La retirada había dejado algunos locales destrozados, varios bancos estaban semidestruidos pero no creo que sea problema reconstruirlos con los cobros de comisiones y cuotas de manejo (la destrucción del sistema financiero siempre me ha parecido una tentadora posibilidad), los restos de una motocicleta calcinada yacían en las calle y los paraderos de bus estaban despedazados. Le hice señas a Maria para que viera que estaba bien, ella me pregunta por Peye y me pide que entre al piso y guarde algo que encontró una de sus amigas. Me entrega las llaves, les hago señas a Lar y a los rastas para que me acompañen y nos refugiáramos en el local. Al poco rato aparece la amiga de Maria, entramos al piso y aguardamos. Maria la llama y le da nombres de personas de las que han sido detenidas, mientras intenta que le entreguen a un menor de edad que encerraron en una de las tanquetas, donde seguramente lo estaban apaleando. Después, desapareció.

Miramos por la ventana mientras me termino mis cigarrillos. Una señora portaba un cartel en contra de la visita de Bush, y estaba sola frente a los policías. Detrás de ella, un graffiti en la pared de una iglesia bautista decía “falzos me cago en dios”. Después, frente a nuestras narices, un hip hopper iba esposado a un policía, el cual lo deja en libertad después de una larga y rigurosa requisa, y de que revisaran hasta los cd’s de hip hop que llevaba. Largo rato después llegan dos mujeres al piso que nos informan que Maria esta detenida. Esperamos hasta que pasan las 1500, salimos juntos hacia la Caracas, caminando rápida pero tranquilamente. En Transmilenio nos despedimos de los rastas, a la amiga de Maria la acompañamos hasta Teusaquillo y con Lar tomamos el mismo bus a casa. Un camión de la policía pasó antes de subirnos al bus y nos miran con curiosidad.

Desastrosa jornada.

Fotos tomadas de Indymedia Colombia

2.02.2007

El Pasado Judicial es una farsa

Luego de una discusión con un respetado blogger, algún indignado enano decidió escribir a la Casa Editorial en la cual estaba invitado que estaba utilizando la imagen de la empresa para armar gresca. La verdad es que el enano no estaba tan lejos de la verdad y no fue difícil quedar al descubierto con los administradores del servidor de blogs de esta Casa Editorial. Así que sólo bastó una entrada, tíldada por la mayoría como mediocre, mal escrita y pretenciosa, para ser retirado ipso facto del proyecto. Cualquier persona en su sano juicio consideraría sus actos y entraría en una etapa de instrospección absoluta que le haría cambiar, para su bien. Para Addiction Kerberos, en cambio, fue como si con la decisión le hubieran dado la bendición; como si esta fuera su gran puerta triunfal, que le diera la bienvenida al mundo del periodismo: hey tú, pequeña cosa, parece que finalmente has demostrado tu punto.

Luego que el tío me dijera que necesitaba del pasado judicial para ponerme a hacer cualquier cosa, en la cocina o en los baños, averigüé el télefono del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), hice mi respectiva investigación por la red y traté de recordar el sitio exacto que hace poco había salido en las noticias sobre empresas clandestinas que te aseguraban la cita a sólo 5 mil pesos. Sabía que era en la 100. Bueno, la verdad no era tan difícil llegar allí. O sólo una llamada a Coe, la traficante de VISAS americanas, seguro ella sabría dar respuesta. Pero quise hacer las cosas un poco menos a-la colombiana, por eso de no ser tan Zipa, y me levanté al otro día muy temprano a las 7 de la mañana a hacer la famosa llamada de la cita para el Pasado Judicial.

-En este momento no tenemos disponibilidad para atender su llamada. Gracias.


Llevaba una hora marcando, dos cafés encima, el pelo enmarañado y un aliento a demonios -pues de la cama había ido directo al teléfono y era tanta mi insistencia que ni para el baño me había despegado del teléfono-. Cada vez el repiqueteo era más desesperanzador y cuando finalmente parecía haber dado con una operadora -dios es máquina- el tono chillón de la puta del mensaje se hacía cada vez más desesperante. Llegué a odiar a esa perra, sobre todo en el instante en que cortante cerraba con el agrio GRACIAS. Gracias por qué hija de puta? por darle de qué comer al holgazán de marido que tenés y darle estudio a esos pillos de hijos que tienes, que sólo tienen en los oídos ese asqueroso reggaetón? Traté de desentenderme del asunto y llamar otro día, pero entonces venía a mí la imagen de la golfa del contestador, de sus hijos con pinta de Daddy Yankee, del marido, un enano con cara de maricón reprimido -tipo Patton- y pensaba: no, no hoy, no te dejaré tránquila perra hasta que me consigas un cupo. Dejar de insistir era darme por vencido, era dejar a la golfa ganar, era hacer reír al enano de Patton, era ir y hacer las cosas a la manera colombiana, al modo Zipa, y entonces, qué me diferenciaría de él? Llamé a la línea de información del DAS y pregunté si era posible conseguir de alguna manera legal la cita. La señora, otra voz de guisa, contestó molesta que los trabajadores del DAS no tenían nada que ver con lo que salía en noticias, que debería tener paciencia e insistir llamando. Le respondí que llevaba bastante rato insistiendo. "Haber señor, en este momento hay 12.000 personas llamando por minuto, pero insista que seguro lo atienden" Suspiré y ella volvió a decir: "escuche bien las noticias" Acto seguido colgó. Pensé: 12 mil desgraciados por minuto, llamando e insistiendo para un chance para tener trabajo, cuántos desgraciados dan por día, cuántos desgraciados por mes y cuántos por año. Cuántos realmente llegarían a los puestos de trabajo? Mierda de sistema, no hay trabajo y mucho menos posibilidades de acceder a él.

Finalmente conseguí la famosa cita, a eso de las 9:30, tras dos horas y media compulsivas y frenéticas, en las que parecía pelear contra una fuerza invisible pero que yo tenía muy clara, la imagen de esa perra guisa del contestador y de sus vándalos hijos y su estúpido marido. Dios gracias, por fin la puta cita. Era para el día siguiente, a las 10:15.

El día pasó sin mayor contratiempo, sin pensar mucho en el asunto. Por la noche la cosa no fue tan lígera. Ya había apagado la luz y recordé la cita temprano. Me dije: te levantas temprano y sales de esa mierdita rápido. Los pensamientos empezaron a hilarse por su cuenta propia en ese instante. De repente el nombre Pasado Judicial adquiría un sentido concreto, muy preciso. Si una cosa era cierta era que no siempre había sido un buen chico. Y un pensamiento empezó a tornarse cada vez más amenazador: qué tal si mañana no salgo del DAS? Así que empecé a cavilar en cuántos embrollos me había metido, en cuántos líos no tendría con la justicia. Cuáles serían los cargos que ellos tendrían en mi contra:

-posesión de drogas
- coartar el principio de libertad de expresión (libertad de proferir estúpideces) y libertad de prensa
- amenazas terroristas e intimidación contra bloggers
-calumnias al buen nombre
-corrupción de menores
- escándalos públicos
- desconocer los derechos de los animales
- Intolerancia
- Proferir panfletos subversivos
- Insultar líderes religiosos
- enriquecimiento (o empobrecimiento) ilícito
- Trata de blancas, negras e indígenas
- Prostitución intelectual
- Alta traición
- Formación de grupos delincuenciales

La lista cada vez se hacía más extensa en mi memoria. No prendía el televisor, que me hubiera alivianado de tinieblas, por temor a levantar a mi hija o a mi mujer. Temía defraudarlas, que Y* le preguntara a V sobre su padre y ella le respondiera: él salió a reclamar el pasado judicial y no volvió. Sudaba de físico miedo y creo que un instante solté un suspiro de puro dolor 100%. Así que me levanté y fui por un vaso de agua a la cocina. Cuando V se levantó me encontró envuelto en sudor frío, temblando y lleno de fiebre, delirando. Me preguntó qué pasaba así que le tuve que responder con franqueza: No sé si mañana salga limpio de esa vuelta en el DAS. Ella, confundida, replicó: cómo que limpio? qué pasa? Acaso qué mierda vas hacer mañana en el DAS además de sacar un estúpido papel? Le expliqué que tenía cuentas pendientes con la justicia colombiana y la remonté a unos 10 años atrás, le describí el modo como había agredido a un testigo de Jehová.

Mi padre me enseñaba a montar moto en el vecindario de mi nona. Dimos la vuelta a la manzana, sin ninguna complicación aparente, yo iba llevando la moto límpiamente, en primera. Podía sentir el liviano aire en mi cara y mi padre me apoyaba dándome pequeñas palmadas tiernas en el hombro . Ya íbamos llegando a la casa de mi nona. Mis tíos habían salido a apreciar el modo delicado en que llevaba la moto. Todos habían salido para apreciar que el chico había aprendido a montar moto. Al frente de la casa mi padre me ordena que frene. Yo voy concentrado en apreciar el panorama tan hermoso de ver a toda la familia reúnida, orgullosa de mi buen manejo. Mi padre vuelve a ordenar frenar. Yo aterrizo y me percato que hasta ese entonces no me había entrado en la cabeza la posibilidad de frenar. Acaso esta mierda no frena sola? Mi padre grita que frene. La casa cada vez está más cerca. Trato de frenar pero hago todo lo contrario. Acelero desmesuradamente. Mi padre, por la propulsión, pierde el agarre que tenía en mí y cae atrás. Siento que ha caído. Ahora yo estoy solo en esa puta moto. La casa se acerca cada vez más. Mi nona me mira con un rostro aterrador. No sé si está llorando. Cambio la dirección de la moto y me dirijo al empedrado de casa de Rigo. Las piedras ahora están casi en las llantas. Cierro los ojos y dejo que suceda. A los pocos segundos me incorporo y veo si estos sangrando o no tengo un dedo. Como la vez que una chica se accidentó en la esquina de la casa de mi nona y siguió derecho. Nosotros seguimos jugando con los muchachos. Al instante yo veo algo raro sobre los arbustos del pino en que se accidentó la chica: un dedo. Estoy ileso. No me duele nada. Volteo a ver. Creo que he matado a mi padre. Mi padre, aún sentado en la acera. Llora. Pero llora de la risa. Toda la situación le ha parecido tan divertida. Él, sentado en el suelo; yo, sobre las piedras; toda la familia reúnida al frente de la casa de mi nona, pálidos del miedo: y afortunadamente todos ilesos. Bueno, yo fui el único medio perjudicado. A los pocos minutos la mano derecha se me empezó a inflar como un globo. No la sentía. Pero era un simple tronchón. Así que a los dos días me llevaron a donde un testigo de Jehová que masajeaba. Apenas me puso una mano sobre el globo le grité: HIJODEPUTA. El tipo se negó a seguir sobándome. Luego le comentaría a mi padre que de no haber sido por mi corta edad, me hubiera puesto un cachetadón en la cara. Yo le dije a mi padre que prefería un cachetadón a que me jodieran la puta mano.

Luego de narrarle la historia, V se tranquilizó, me alcanzó otro vaso de agua y con una risa me dijo: bobo, por eso a nadie apresan. Ahora ven a dormir que mañana tienes que madrugar para sacar esa mierda.

Quise ir a las 7 de la mañana, a hacer cola, pero por el trasnocho me levanté a las 8. Tomé un taxi y fui hablando animosamente con el tío del taxi. Al llegar pregunté si había mucha cola y el tipo de seguridad me dijo que podía entrar a las 10 si mi cita era a las 10:15. Me di cuenta que no llevaba fotos. Pero ya la mayor parte del dinero lo había gastado en el taxi y sólo me quedaba un poco para luego de pagar esa mierda de pasado judicial. Un tío al frente del DAS grita: FOTOS, FOTOS. Me toma una foto un tipo con aspecto de topo, tan pequeño que mi cara queda en contrapicado. Al principio, puse un poco de resistencia por quedar tan contrapicado. Al ver el resultado de la foto, me encantó, tenía un toque Citizen Kane que me daba un aspecto realmente interesante. Ya iba a imprimir la foto cuando me dijo que eran siete changos. Le dije: No Way, amigo, no tengo siete changos ni cagando. Traté de negociar pero el resultado fue que borrara mi cara Kane al frente mío, sin muestra de compasión alguna. Así que caminé unas dos casas más y encontré un mejor sitio de fotografías. Tampoco me alcanzaba el dinero y traté de negociar con el tío. Finalmente le dije: mire, tengo esto: esta parte es para el pasado judicial de mierda ése y esto es lo que me queda, bueno y réstele un chango que es para mi bus. Así que el tipo que estaba atrás me miraba orgulloso y me dijo: ok, déjeselo al muchacho en eso. Me tomó la foto y cuándo me entregó el resultado me dijo: tiene que hablar así en el DAS y verá que sale de eso en menos de nada. Me sonrojé pensando en cómo había hablado. Pero seguramente al tipo le gustó mucho mi sinceridad acerca del dinero y no que me hubiera puesto avergonzado por estar tan pelele.


En la fila las piernas parecían que me hubieran subido de peso de repente. Casi me caigo. Me agarró un tipo que venía del Casanare y me dijo: tránquilo amigo, esto es de lo más rutinario. Como del susto no entendía las preguntas del cartoncito que nos dieron, me tocó consultarle más de una vez. -En el espacio de ocupación qué pongo: desempleado o periodista? El tipo, con un aire sereno, me dijo: pierda cuidado chaval que esto lo hacen es como para que uno ejercite la mano, realmente son preguntas sin la menor importancia. Dejé el espacio de "señas particulares" en blanco, no sabiendo qué contestar. Al frente de nosotros había un tipo que se había cargado hasta el pegante. El señor de Casanare le pidió un poco y yo luego, aprovechando el desordén, le pedí otro poco para poner mi foto. Ahora no sabía qué foto poner, si la grande o la chica. Un muchacho atrás mío, que luego supe se llamaba Edwin, me dijo: la chiquita, es la chiquita, igual, las grandes la recortan. Así llegué hasta la ventanilla. Temblando, muerto del susto, le pasé los papeles a la señorita. Ella los revisó, como viendo la trampa y me hizo cancelar el valor de la mierda de pasado judicial. Le pasé el dinero al tipo, aún temblando. Nos hicieron esperar un rato y yo aproveché para amistar con el tipo de Casanare, con Edwin y con el tipo del pegante. Bromeamos un rato, hablamos del precio tan descarado del pasado judicial y hasta le echamos piropos a una morenita que estaba al frente de nosotros. La verdad es que no esperé pasarla tan sabroso en el DAS esta mañana. Finalmente me llamaron para poner la huella, me hicieron esperar un minuto más y me dieron esa mierda. A la salida me sentí un poco melancólico por los amigos que había hecho. Esperé un poco, tomando aire. Vi a lo lejos al tipo de Casanare y lo saludé. Él hizo una señal con el brazo de que fuera hasta allá. Al alcanzarlo le pregunté qué hubier pasado si me hubieran encontrado deudas con la justicia. Me contó que el año pasado a unos muchachos que estaban con él les habían encontrado problemas. Así que tuvieron que hacer de nuevo otra fila y revisar un morro de expedientes. Agradecí que no me hubieran encontrado nada malo, que el enano Patton no me hubiera denunciado o que el madrazo proferido al testigo de Jehová fuera algo más concerniente a la justicia divina que a la justicia colombiana.

El pasado judicial es una farsa. Debe haber algo terriblemente retorcido en el sistema como para que un tipo como yo pueda tramitarlo sin problema alguno. Para que su trámite sea una vuelta sabrosa y no un requisito de rigor que te haga valorar tu verdadero papel en la justicia del país. Seguramente sería mejor hacer del pasado judicial un juicio valorativo individual en el cual cada persona voluntariamente dé cuenta de sus deudas con la justicia. Seguro que de haber sido de esta forma yo me hubiera condenado. Hubiera aceptado sin reparo alguno mi cuota de culpabilidad en esta sociedad tan jodida. En el papel reza: no tiene asuntos pendientes con las autoridades judiciales. Ahora creo que debe venir mi contraparte y cobrar los asuntos pendientes que tienen esas autoridades conmigo.



1.15.2007

Inferno (part. II)

Esta historia bien podría contarse del modo “a un amigo de un amigo le paso...”, y convertirla en otra de tantas leyendas urbanas en esta ciudad inútil gobernada por idiotas. Y, asimismo, podría concluirla diciendo “ya sabes, esas cosas pasan” encadenándola a alguna moraleja de tipo moral o, por lo menos, legal. A mi me aterró porque es un ejemplo exponencial de la ley de Murphy. Dispensarán si ofendo susceptibilidades.
Pasó hace unos 4 o 5 años, no estoy seguro. La protagoniza Mac, un sudafricano alto y robusto pero que tenía aspecto de aborigen australiano. Llevaba viviendo en Colombia unos cuantos meses y se mantenía gracias al tráfico de drogas entre los extranjeros que vienen a la ciudad buscando, justamente, eso. El tipo era buena gente, cuando nos veíamos me saludaba y charlábamos un poco, del clima, de mujeres, de la vida nocturna, y un par de noches me invitó unos cuantos tragos de tequila, para matizar el consumo de ese brebaje asqueroso y vomitivo que acá venden como cerveza.
Una tarde llegué al bar de Luis, lugar que frecuentaba en esa época y al cual iba Mac ocasionalmente. Era sábado, la zona se ve un poco vacía a esas horas de la tarde y, aunque era un día soleado, corría un viento helado. Luis me dice - marica, pilláte que a Mac lo esta buscando la Policía” – mucho pendejo, se dejó pillar - le dije, creyendo yo que lo perseguían gracias al tráfico - No pana, porque se le murieron dos viejas en el apartamento!.
No le di crédito. Luis a veces exageraba las historias, las propias y las de los demás, le añadía su toque de dramatismo y mala leche, y aunque decir que dos viejas habían muerto no parecía una exageración, pensé que lo hacía. El resto del día paso sin mayores novedades. Unos cuantos días después, mientras me fumaba un cigarrillo en la entrada de una panadería, ojeé el periódico que estaba colgado de la puerta. El titular decía, ya sabrán a que periódico me refiero, “Sexo, Vudú y Muerte”. El titular me causo curiosidad entonces lo pedí prestado para leerlo. Era la historia de Mac, agrandada y matizada por el amarillista periódico.
El jueves anterior Mac se topó con dos viejas, entre los 19 y 23 años, que andaban buscando drogas a bajo precio. Seguramente él pensó “a estas viejas me las puedo llevar al apartamento, les doy cocaína y alcohol y puede que termine follándomelas”. Tal vez así fue, bueno, no se si terminó follándoselas, el hecho es que, probablemente, al despertarse al otro día en medio de una resaca espantosa, estaba acostado al lado de dos mujeres muertas.

Según me cuenta Luis, en la tarde del viernes Mac estaba buscando dinero prestado afanosamente. Luis no le prestó, aunque le causó curiosidad el afán de Mac, un tipo normalmente muy tranquilo. Al parecer logró conseguirlo porque huyo de la ciudad y, tal vez, él mismo dio aviso a la Policía para que recogieran los cuerpos.
Nunca me expliqué de donde sacó el periódico ese la información de que Mac era jamaiquino, y no entendí que tenía que ver el vudú en todo eso. Según un conocido de un conocido, lo último que se supo es que estaba en Brasil. Traficando drogas.

12.19.2006

Metrallo en el trasero del mundo

ODA AL TURISMO
del juicio final
serán exonerados
porque también ese día
estaban apenas de paso.
JOSÉ PAULO PAES
Una vieja melancolía me llevó a sentarme en un parqueadero de camiones y buses a orillas de la Calle Colombia. Era un atardecer limpio y una buena cerveza fria parecía razón suficiente para aplacar la angustia de encontrarme de nuevo en una ciudad ajena. Esa vieja melancolía que al parecer no era otra cosa que la de querer regresar a un lugar imposible en el cual sentirme propio. Tal vez sea cierto el desarraigo del cual me acusa -y se acusa de paso- el viejo José Hernán. Un desarraigo debido a un movimiento tal vez no intencional de la inteligencia que nos llevó a la incómoda posición de no pertenecer a ningún sitio y que, como el poema de Kavafis, nos condena a no encontrar la salida huyendo a otra ciudad. Tal vez no se trate de ser demasiado cosmopolitas, sino todo lo contrario, entendernos lo suficientemente provincianos como para sentirnos inseguros de ocupar un lugar en el mundo. Más provincianos que cualquier parroquiano poseemos conciencia de un vasto mundo que no nos pertenece. Al frente de la vitrina donde reposan las papas fritas y los chitos de hace un año me arrepiento y pido una coca-cola en cambio de una cerveza. El tipo me mira extraño, pero me entrega la botella con desagrado. Por mi parte, me siento como un nuevo aborigen. De vuelta a un estado involutivo, perteneciente a una tribu incórporea y tecnológica, dotado de ritos que me conceden una nueva mitología, una visión del mundo tal vez precaria pero llena de sentido: también aspiro ese plano de trascendencia: tal vez, algún día, poder ser parte de la noosfera y comulgar enteramente con Dios, en su seno, renacido y lleno de gracia. Idiota convencido? Seguramente. Cualquiera que viva, cualquiera que colabore con este mar de crueldad llamado Ser Humano debe ser un Idiota Convencido. La cuestión de los discursos y la justificación siempre es a posteriori. Al frente mío, un tipo de mal aspecto entretiene a dos chicas. La una tiene un bebé entre sus brazos. La otra permanece cerca a la primera, como cuidando del bebé, o cuidándose ella misma. No tardo mucho en descubrir que la euforia del tipo obedece a los efectos obvios de la cocaína. Lo miro con recelo, no me siento con ganas de causar problemas en este lugar. Joder, habrá algún sitio en el que uno no cause malestar? El tipo se percata de mi existencia y me mantiene al margen, como esperando un mal movimiento de mi parte para liberar la tensión de la coca. Seguramente le fastidia mi pose afeminada bebiendo coca-cola pero no lo ve como motivo suficiente para armar la gresca. Un chico de unos 16 años se acerca a la mesa y entabla una conversación rápida con el envalado. El envalado lo deja a la espera un par de segundo mientras besa a la chica del bebé en brazos y le brinda un pico a la mejilla a la otra chica. Lleva al adolescente afuera, a la avenida y hablan con agitación. Se devuelven y van al lugar de la vitrina sucia de papas fritas y chitos viejos. Intercambian un par de palabras con el tipo de la tienda y se sientan de nuevo los dos en unas sillas rimax donde siguen la frenética charla. Las chicas se quedan en silencio, tristes, como con una pregunta en medio de sus ojos. Se devuelven a verme y las miro respetuosamente, desvio la mirada al sentir al paisa envalado regresar. Me vuelve a observar, como tratando de averiguar mi verdadera intención en ese lugar. A la mierda, no tengo que ver nada en cualquier mierda que se esté cociendo en este lugar ahora y no quiero terminar en el suelo por una estúpida confusión de un tipo alterado con la droga. No tarda en llegar un hombre de unos 40 años, con un bigote cómico y unos ojos asesinos. Pago la coca-coca, el tipo me tira las vueltas con evidente fastidio y me largo a caminar por la Calle Colombia hacia el Éxito. Son las 6 de la tarde, el cielo oscurece y el asfalto huele a tierra caliente. Obediente paso por el peatonal, tirado un indigente me pide plata. Paso encima de su pierna muerta. Me siento como un vampiro que ha perdido su noche por ir tras el secreto del crepúsculo. Tarareo una canción de Moonspell mientras observo la peregrinación de los buses hacia peores barrios, con su gente en medio, tantos sueños, tanta locura reunida en un mismo traste. Tal vez me sentiría mejor si me tocara tomar también a mí uno de estos feos buses, si tuviera un sitio seguro al cual ir en esta ciudad desconocida. Si en el trayecto entablara una conversación con un vecino o el sueño me cazara en medio de un caluroso embotellamiento. Entro al Éxito y me conforta el aire condicionado. Busco con la mayor prisa el baño. Al salir del baño, con una risa notable entre labios, me dirijo al vestier a arreglarme el cinturón que me ha quedado demasiado apretado. En el vestier hay un tipo que convida a un muchacho a medirse una ropa interior: es para mi hijo, sabes, es como de tu contextura. El chico parece quedar aterrado y el tipo le insiste: vienes solo, amigo? porque no te he visto con tus papás. Me asquea la situación y me provoca soltar un tubo de la cortina del vestier y metérselo culo arriba al pervertido, pero veo que el chico sigue el juego, sonriente, sabe bien a qué atenerse y sigue el juego. Jodido mundo. Me siento a tomar un tinto al frente de dos damas que en su juventud debieron haber enamorado a más de uno. Ser maricón en Medellín debe ser lo más de sencillo. Ves a la chica que te rompió el corazón hace una década sentada en el café Oma, sin que siquiera se percate de tu existencia, tus ojos desesperados y luego te seduce un mariconcito complaciente de 9 años en el vestier. No soy nadie para juzgar el corazón de otros.

12.05.2006

Inferno

Salgo de mi casa después de las 20:00. Es viernes entonces se respira un olor a frenética actividad humana, puestos de arepas, panaderías, las tiendas están abarrotadas de gente que bebe cerveza como si no hubiera un mañana. Es probable que no lo haya. Camino unas cuadras y tomo una buseta hacia el centro. Hedía espantosamente, un olor acre se suspendía en el aire como una niebla toxica. Joder, olía a culo, a obrero poco aseado, no tengo nada contra los obreros pero la higiene de muchos de ellos me espanta. A las pocas cuadras el ayudante del conductor, cuyo genotipo ya especifiqué, aunque en este caso era un muchacho no mayor de 15 años, nos pregunta a los únicos pasajeros, un tipo de unos 35 con una chaqueta de dril y gel en el pelo, y a mi, hasta donde íbamos “joder, dice centro, voy para el centro”. “ah, es que vamos varados”, me contesta. Nos devuelve el dinero, nos bajamos protestando y yo camino unas cuatro manzanas hasta la próxima avenida, a esperar el primer bus que pase. En el camino me topé con un grupo de adolescentes que, al parecer, salían de su grado de bachiller, prácticamente niños con corbata acompañados de adolescentes, casi niñas también, maquilladas como prostitutas, o mas bien como el cliché que se tiene de ellas, y vestidas con faldas increíblemente cortas para su edad y el frío que hacia. Finalmente pasa el bus, después de esperar unos diez minutos, pero el tipo resulta increíblemente lento y pocas cuadras después la rabia comienza a arder en mi estomago y murmuro por lo bajo blasfemias aprendidas hace una década. Al cruzar la avenida 30 se suben tres tipos por la puerta de atrás, yo hablaba por el móvil y uno de ellos, el que acercó a pagar, mira, no a mi, sino al puto teléfono. Yo lo miro, el idiota sigue hacia atrás y se sienta un par de puestos detrás mío.

Cruzando la 10ª una señora, que estaba sentada en la parte de atrás, corre hacia la cabina del conductor, algo gritaba pero no entendí que decía: volteo a mirar y uno de los tres tipos estaba forcejeando con un muchacho de unos 25, bien vestido y de buen aspecto, seguramente un galán en su barrio, y el tipo arremetía con un cuchillo mientras otro le gritaba al conductor que se detuviera o rompía el vidrio de alguna ventana. Los tipos saltan del bus antes de que este se detenga totalmente, el muchacho camina hacia delante y le digo, pregunta estúpida, “¿le hicieron algo?” el muchacho dice “si, me cortaron”, y se quita la chaqueta y del brazo izquierdo le manaba sangre como si fuera una puta fuente, golpeo con los nudillos en la ventana de la cabina y le grito al conductor “parce, rápido, que a este man lo chuzaron, a unos dos cuadras hay un Cai!” y el conductor se asusta y yo estaba aterrado de cómo sangraba el muchacho, en menos de tres minutos había dejado casi un litro de sangre regado dentro de la buseta, y no se me ocurrió vendarlo, puta mierda, tampoco tenia con que, y de alguna forma procuraba no acercármele, que no fuera a salpicarme la ropa. El conductor avanza las dos cuadras, no se si el cabrón aun esperaba que se subiera alguien porque seguía lento y yo gritaba histérico que el muchacho que iba a desangrar, abre la puerta de atrás y le grito a unos soldados que llamaran a una patrulla que acaba de pasar, que hay un tipo apuñaleado en el bus. El muchacho se baja, veo que tiene una cortada en la espalda, sobre el omoplato izquierdo, y otra en el costado derecho, aunque ninguna sangraba demasiado. A los pocos segundos aparece una moto de la policía, después otra, le preguntan al muchacho que le pasó, a mi no deja de angustiarme la forma en que sangra, los tarados le dicen que camine hasta el Cai, y el pobre desgraciado les hace caso. Un tipo valiente, caminar una cuadra después de sangrar de esa forma, subo al bus y veo los charcos de sangre brillante en el asiento y en el piso del bus, el conductor me sube a otro y me largo de la zona. El resto fue comer pizza, tres cervezas, medio paquete de Marlboro y Ladytron, pero eso es otra historia.

Y me doy cuenta que el infierno en Bogota no es un amanecedero en la avenida Caracas lleno de travestis donde los clientes hacen líneas de cocaína en la mesa, ni una pelea entre pandillas de el Quiroga y las Lomas, ni los baños de un rave donde un tipo se chuta heroína, ni la reunión de la junta directiva del Country Club, la ceremonia de santería en algún oscuro consultorio de un brujo en Chapinero o un container donde los indigentes fuman bazuco. O mejor, el infierno es una condición emergente en toda la ciudad, como si Bogotá fuera un trozo viviente y palpitante de él.