Había comprado la boleta unos quince días antes, la noche de un jueves en el Tower Records del Centro Andino. Haciendo la fila me topé con el Dr. Barbarie, él iba a averiguar por la del concierto de Roger Waters y terminó acompañándome mientras charlamos un poco de las pendejadas que siempre hemos hablado cuando nos encontramos, osea, política y religión. También hablamos de metal, me recomendó una banda de la que ya no recuerdo el nombre.
Así que ayer, 22 de marzo, estaba ansioso por salir de mi oficina lo más temprano posible. Tomé el Transmilenio, que pasó bajo unos tres aguaceros; al bajarme ya había escampado, pero el aire estaba húmedo y pesado. Caminé hasta la 30, esperando la confirmación de Nina de que llegaba a la 30 con 63, donde habíamos quedado. La esperé un rato en un paradero de bus, mientras fumaba un cigarrillo que me sabia a mierda. L´enfant me llamó a decirme que fuera a donde estaba, ya haciendo fila para entrar. Nina me llama ya llegando, la espero mientras un tipo moreno me ofrece drogas. Cuando llega Nina y Manson, y mientras buscamos a L´enfant, nos encontramos al Chacal, quien me presenta a Ángela, pero hablamos poco. Nina señala a Toxikrosa, lo saludo y nos ofrece dejarnos colar en su puesto. L´enfant estaba más atrás, entonces volvemos a donde Toxikrosa y hacemos la fila. Comienzan a caer las primeras gotas de lluvia.
Creo que nunca blasfemé tanto en mi vida, y con tanta tranquilidad. Caía un aguacero que me mojó hasta los interiores. Literalmente. La requisa fue bastante ágil y me arrepentí de no haber comprado cigarrillos ni haber traído paraguas o cámara fotográfica, por temor a que no me dejaran entrar. Cuando, finalmente escampamos, estaba completamente empapado y comenzaba a temblar del frío. Manson compra cigarrillos, lo cual fue una verdadera estafa, y una lata de Red Bull. La guardo en un bolsillo, escurro el agua de la chaqueta y la hatta y las sostengo en la mano el resto de la noche. La gente comenzó a agruparse y presionar hacia el escenario, un tipo algo grueso intentó pasar por entre nosotros, para hacerse adelante. Le bloqueo el paso con mi brazo – por favor me deja pasar? – le hago una mirada amenazante, apretando la mandíbula, que funciona bastante bien con los indigentes. El tipo desiste. Se apagan las luces.
Pornomotora comenzó a tocar poco después de las 18. Al parecer, a muchas niñas bonitas se les olvidaba que era un concierto de rock y no una fiesta de la Sala, y cuando un adolescente con varios pearcings en el rostro comenzó a empujar hacia el escenario, saltando y cantando algunas de las canciones, una mujer de pelo castaño claro lo miró con gesto de desprecio. El que sienten hacia los demás los que se creen seres superiores. A mi me molestó y lo mire y el chico se excusó – ahhh es que están empujando... – Cuando terminó el show, según Maria Paula, los de Pornomotora se fueron al publico a ver el concierto de Placebo. No me consta pero si me parece ver visto a Mauricio, uno de los guitarristas, pero no se me ocurrió que pudiera ser él.
Mientras los de sonido de Placebo conectaban los instrumentos y hacían las pruebas finales, la gente se agolpaba cada vez mas. Deseé haber comprado la boleta de preferencial, estar cómodamente sentado y no parado en un piso irregular lleno de pedazos de la revista Rolling Stone, mareado por el olor de la marihuana y con la ropa húmeda en la mano. Hacia las 2000 terminan las pruebas, se apagan las luces y sale Placebo al escenario.
Y dios hizo el caos.
Creo que durante las dos primeras canciones me mantuve de pie intentando defender a Nina y a mi mismo de la masa que se agolpaba hacia la tarima y la consecuente reacción. En esas, Manson perdió la chaqueta que también se había quitado porque estaba mojada. Creo que el esfuerzo provocó un desgarro en mi brazo derecho, nada grave, pero que si me molestó el resto de la noche. Algunas adolescentes eran sacadas desmayadas. En Drag la masa ya se había aplacado, finalmente nos había desplazado unos dos metros al sur y uno hacia el este. Tomamos distancia del que estaba frente a nosotros y me di cuenta que estaba a un paso de Germancho, pero él lo notó terminado el concierto. Tal vez antes.
El resto del concierto lo pasé entre el éxtasis y la punzada del conflicto. Sin duda Placebo es un grupo impresionante en el escenario, es un espectáculo de rock a la antigua usanza. Stefan Oldsal, el bajista, gesticulaba, lanzaba miradas, hacia los coros y arrojaba cigarrillos a medio fumar al publico, mientras Brian Molko, guitarrista y cantante, hablaba al publico, hacia chistes, cambiaba su impresionante arsenal de guitarras y las hacia chillar con el clásico efecto inventado por el mismísimo Hendrix. No recuerdo en que canción soltó la guitarra, encendió un cigarrillo y cantó, recordándome al Nick Cave de Der Himmer über Berlin. Hacia el final contó que el baterista, Steve Hewitt, estaba de cumpleaños y el publico improvisó un desafinado Happy birthday. Poco después hizo la clásica despedida provisional, arrojando la guitarra al publico (que poco después es recuperada por los de sonido) para volver a tocar tres temas mas, el penúltimo, Taste in men, alargado por los solos de guitarra y los efectos frente a los amplificadores. Terminan, después de 20 Years, dejando una sensación de alegría melancólica. Nina lloró desconsolada la mitad del concierto.
Encendidas las luces charlamos un poco con Germancho. Lo invitamos a una cerveza y contesta que, si se anima, nos esperaba afuera. Vagamos un poco buscando la chaqueta de Manson pero fue tiempo perdido. Un policía nos pidió que saliéramos, entonces me envuelvo en el cuello la hatta húmeda y salimos al frío. La cerveza la dejamos para el día siguiente.
Fotos de Silvia Bustamante y de Ricardo Abdahllah.
Así que ayer, 22 de marzo, estaba ansioso por salir de mi oficina lo más temprano posible. Tomé el Transmilenio, que pasó bajo unos tres aguaceros; al bajarme ya había escampado, pero el aire estaba húmedo y pesado. Caminé hasta la 30, esperando la confirmación de Nina de que llegaba a la 30 con 63, donde habíamos quedado. La esperé un rato en un paradero de bus, mientras fumaba un cigarrillo que me sabia a mierda. L´enfant me llamó a decirme que fuera a donde estaba, ya haciendo fila para entrar. Nina me llama ya llegando, la espero mientras un tipo moreno me ofrece drogas. Cuando llega Nina y Manson, y mientras buscamos a L´enfant, nos encontramos al Chacal, quien me presenta a Ángela, pero hablamos poco. Nina señala a Toxikrosa, lo saludo y nos ofrece dejarnos colar en su puesto. L´enfant estaba más atrás, entonces volvemos a donde Toxikrosa y hacemos la fila. Comienzan a caer las primeras gotas de lluvia.
Creo que nunca blasfemé tanto en mi vida, y con tanta tranquilidad. Caía un aguacero que me mojó hasta los interiores. Literalmente. La requisa fue bastante ágil y me arrepentí de no haber comprado cigarrillos ni haber traído paraguas o cámara fotográfica, por temor a que no me dejaran entrar. Cuando, finalmente escampamos, estaba completamente empapado y comenzaba a temblar del frío. Manson compra cigarrillos, lo cual fue una verdadera estafa, y una lata de Red Bull. La guardo en un bolsillo, escurro el agua de la chaqueta y la hatta y las sostengo en la mano el resto de la noche. La gente comenzó a agruparse y presionar hacia el escenario, un tipo algo grueso intentó pasar por entre nosotros, para hacerse adelante. Le bloqueo el paso con mi brazo – por favor me deja pasar? – le hago una mirada amenazante, apretando la mandíbula, que funciona bastante bien con los indigentes. El tipo desiste. Se apagan las luces.
Pornomotora comenzó a tocar poco después de las 18. Al parecer, a muchas niñas bonitas se les olvidaba que era un concierto de rock y no una fiesta de la Sala, y cuando un adolescente con varios pearcings en el rostro comenzó a empujar hacia el escenario, saltando y cantando algunas de las canciones, una mujer de pelo castaño claro lo miró con gesto de desprecio. El que sienten hacia los demás los que se creen seres superiores. A mi me molestó y lo mire y el chico se excusó – ahhh es que están empujando... – Cuando terminó el show, según Maria Paula, los de Pornomotora se fueron al publico a ver el concierto de Placebo. No me consta pero si me parece ver visto a Mauricio, uno de los guitarristas, pero no se me ocurrió que pudiera ser él.

Y dios hizo el caos.
Creo que durante las dos primeras canciones me mantuve de pie intentando defender a Nina y a mi mismo de la masa que se agolpaba hacia la tarima y la consecuente reacción. En esas, Manson perdió la chaqueta que también se había quitado porque estaba mojada. Creo que el esfuerzo provocó un desgarro en mi brazo derecho, nada grave, pero que si me molestó el resto de la noche. Algunas adolescentes eran sacadas desmayadas. En Drag la masa ya se había aplacado, finalmente nos había desplazado unos dos metros al sur y uno hacia el este. Tomamos distancia del que estaba frente a nosotros y me di cuenta que estaba a un paso de Germancho, pero él lo notó terminado el concierto. Tal vez antes.
El resto del concierto lo pasé entre el éxtasis y la punzada del conflicto. Sin duda Placebo es un grupo impresionante en el escenario, es un espectáculo de rock a la antigua usanza. Stefan Oldsal, el bajista, gesticulaba, lanzaba miradas, hacia los coros y arrojaba cigarrillos a medio fumar al publico, mientras Brian Molko, guitarrista y cantante, hablaba al publico, hacia chistes, cambiaba su impresionante arsenal de guitarras y las hacia chillar con el clásico efecto inventado por el mismísimo Hendrix. No recuerdo en que canción soltó la guitarra, encendió un cigarrillo y cantó, recordándome al Nick Cave de Der Himmer über Berlin. Hacia el final contó que el baterista, Steve Hewitt, estaba de cumpleaños y el publico improvisó un desafinado Happy birthday. Poco después hizo la clásica despedida provisional, arrojando la guitarra al publico (que poco después es recuperada por los de sonido) para volver a tocar tres temas mas, el penúltimo, Taste in men, alargado por los solos de guitarra y los efectos frente a los amplificadores. Terminan, después de 20 Years, dejando una sensación de alegría melancólica. Nina lloró desconsolada la mitad del concierto.
Encendidas las luces charlamos un poco con Germancho. Lo invitamos a una cerveza y contesta que, si se anima, nos esperaba afuera. Vagamos un poco buscando la chaqueta de Manson pero fue tiempo perdido. Un policía nos pidió que saliéramos, entonces me envuelvo en el cuello la hatta húmeda y salimos al frío. La cerveza la dejamos para el día siguiente.
Fotos de Silvia Bustamante y de Ricardo Abdahllah.